René Berlingeri – QDP / RIP | bambinoides.com
Sábado 31 Mayo, 2014 18:23

René Berlingeri – QDP / RIP

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A lo largo de la vida amigos y conocidos son muchos y fácilmente confundimos unos con los otros. Luego,  por las más variadas razones tanto los conocidos como los amigos de ocasión desaparecen sin recordarlos, excepto los Judas y los Bruto, –  quienes siempre serán recordados en una lista muy especial.

En adición a la lista de “amigotes” y de los conocidos, no hay dudas que existe además la de los hermanos de sangre y la de los amigos verdaderos. Tanto la lista de los “amigos verdaderos” como la de los hermanos de sangre es muy limitada,  son pocos pero también fácilmente se confunden unos con otros.  No creo que existe una explicación lógica o una formula del cómo nacen y cómo se construyen las verdaderas amistades. Lo que sí es claro es el hecho que a diferencia de los hermanos de sangre, existen amigos verdaderos que a lo largo de la vida surgen sin la intervención directa del pedigrí familiar. Es un verdadero misterio.

A René lo conocí a lo largo de los años de la escuela intermedia y superior, allá en la segunda parte de los años sesenta.  Como con tantos otros vivimos juntos todo lo que hay que vivir en esos tiempos, – con y sin permiso.  Era hijo del maestro de educación física y a la época René era uno de los mejores atletas de pista y campo no tan solo del Colegio sino  de todas las escuelas superiores en la isla.  Pero René también era un joven rebelde, y no aceptaba privilegios en reconocimiento a sus logros en el atletismo y/o las amistades “lambe-ojos” para congraciarse debido a la presencia de su padre en la escuela,  quien andaba imponiendo la disciplina férrea por toda la escuela con su libreta de deméritos y castigos a la mano. René era y quería ser igual a todos los demás y luchaba de igual a igual para sobrevivir entre toda aquella juventud en combustión que al igual que hoy enfrentaba los retos normales de sobrevivencia darwinista, tanto desde el punto de vista social, físico y académico.

Era la lucha de la vida. Teníamos que aprender todo acerca de aquella vida presente y futura la cual día a día se transformaba rápidamente ante nuestras narices. Todo cambiaba, la familia, la escuela, el barrio, la urbanización, la ciudad, y de paso todo el contenido del mundo. El origen y el pasado de las cosas aparentaban no ser importantes mientras crecía en nosotros la curiosidad por conocer todo lo nuevo mediante el instinto de conquista. Éramos aprendiz de conquistadores en persecución de nuevas aventuras. Cada aventura y aventurilla eran simplemente pilares fundamentales del crecimiento, eran la única realidad importante y significativa que la naturaleza nos exigía.

Algunos de aquellos jovenzuelos inquietos brillaban ante mis curiosos ojos. Compartíamos los nuevos átomos del universo, las visiones, los momentos y experiencias llenas de una especial energía constructora de hermandad. Eran hermandades instantáneas que misteriosamente y sin ningún tipo de reclamos ni de intereses crecerían en nuestras vidas con el pasar del tiempo. Al graduarnos de la escuela superior y cada cual empeñado con su nueva agenda y con su su nuevo mundo, dejé de ver a René durante un larguísimo tiempo. Era la vida de adulto que reclamaba el acumular algunas victorias,  muchas victorias pírricas y cantidad de pesadas derrotas. Pasaron cerca de 30 años sin volver a ver ni saber de René.

Entonces como tantos otros, a finales de los años 80 fui expatriado de Puerto Rico principalmente por razones socio-económicas. Una noche de invierno, ante la feroz nostalgia y buscando revivir la tradición,  Juan Pagán y otros me llevaron de “parrandas navideñas”. Juan, además de un hermanazo,  era y sigue siendo un honorable patriota de la Osuna en la Ruta 14 y fue quien voluntariamente se convirtió en mi sicólogo nacionalista ante la crisis de adaptación, además de mi maestro y “trainer” de Golf y de Tenis y/o Tennis, según sea el nivel de la profundad colonial. Aquella noche las horas de la parranda se convirtieron en intensa actividad con el codo empinado. Con mi indiscutible aceptación a la revancha, Juan continuamente me retaba a otro más, y a otro más. Así y en esas condiciones Juan continuaba a sonsacarme hasta que llegamos a casa de otro portorro residente en aquella zona entonces para mí totalmente desconocida y deslumbrante. Luego de estacionar los carros al estilo y disciplina de los buenos parranderos, de fuerza de cara me aventuré entusiasmado hacia la puerta de aquella casa bien iluminada al estilo de “Fair View” en Cupey los 25 de diciembre.

Ring-ring, – nada. De nuevo ring-ring, de nuevo nada. No recuerdo bien la melodía que acompañada aquel alborotoso corillo de voces, congas, bongos, maracas, güiros  y palitos y que lamentablemente ahogaba mis primeros y tímidos ring-rings. Así que, naturalmente, Juan y yo le dimos un típico asalto boricua con ¡RING-RING y BANG-BANG en la puerta! Finalmente  se abrió la puerta y fue uno de esos momentos inolvidables de la vida. Aquel desconocido de quien yo miserablemente quería “cachetear” hasta el asopado era René, solo que 30 años más viejo. Puerta abierta lo próximo fue una combinada “exclamación-interrogación” – al unísono: ¿¡Coño tú eres René!? – ¿¡Coño tú eres Bambino¡? Ya quedó olvidado quién dio el primer paso hacia un abrazo que aún hoy perdura, otros treinta años después de aquel asalto. Desde ese momento hasta nuestros días continuamos lo que habíamos comenzado en aquellos días de la escuela intermedia:  una genuina hermandad que solo puede existir entre aquellos con la fortuna de escoger a sus hermanos.  Instantáneamente mis hijos adquirieron en René un tío y en Vivian una tía.

Que no le quepa duda a nadie, René era una persona especial. En lo personal, alcanzó grandes logros y bellas satisfacciones. Fue un gran atleta de pista y campo. Gran campeón de tiro al blanco.  Representó a Puerto Rico en varias Olimpiadas y hoy es miembro del Salón de la Fama de RP.

Era persona de amena conversación, a todos los niveles y a todos los espesores. En nuestra hermandad supo cuándo ser crítico, comprensivo, exigente y tolerante. Tenía el don del chiste y del buen humor en la punta de la lengua. Observó con orgullo cuarenta años seguiditos en AA mientras que continuaba a ser el mejor host y bartender en su propia casa. Me enseñó a hacer los mejores “Dry Martini Cocktails.” Fue maestro de escuela y luego hizo carrera en el Departamento de Agricultura Federal tanto en PR como en los EU. Era conocedor de todos los mesteres y técnicas del buen alambique y del buen pitorro. Conocía de las frutas, de las verduras, hasta de los animales de corral y de todo lo que fueran productos alimenticios. Experto cazador de aves y de animales del bosque. Chef y excelente panadero. De hobby trabajaba los cueros haciendo decoraciones, carteras y correas entre otras: Era piloto y además modelaba aviones en madera de balsa y les montaba el motor, y volaban con el control remoto. Montaba y desmontaba los motores de sus vehículos, incluso el motor de la Harley. En el patio de su casa orgullosamente exhibía su orto completo de aromas, frutas y vegetales puertorriqueños. Era un gran bailador salsero, merenguero y  romanticón. Eternamente enamorado de Vivian su esposa y compañera por más de 45 años, y quien fue su novia de toda la vida desde los tiempos en que estábamos en la escuela superior.

Desde cuando nos volvimos a separar hace veinte años debido a mi mudanza a Italia por razón del trabajo, no pasó un mes sin que René y yo hablásemos al teléfono. Nunca nos  volvimos a abandonar a la indiferencia. Frecuentemente nos visitamos y éramos expertos a montar animados jolgorios, aquí y allá. Su casa era un “Bed & Breakfast”, con calor humano, alegría y con mucho más que un “breakfast” y un “bed.”

Es triste decir que mi “grupito” de amigos-hermanos de aquellos tiempos hoy es muy reducido, probablemente debido a la distancia o por culpa mía o por las traiciones e ingratitudes de la vida.  Agradezco profundamente a René que aun así siempre mantuvo la consistencia y la coherencia en la amistad  y la virtud de la hermandad. Tuvimos diferencias pequeñas y grandes, pero él siempre con tolerancia y paciencia supo mantener  la brillantez, la inteligencia y el espesor que solo puede ofrecer el calibre y la calidad humana tan especial como la que tenía René. Espero haberle correspondido adecuadamente.

Ese era mi hermano que llevo con orgullo y que hoy con gran dolor en el alma despido de este mundo. Como el buen combatiente que siempre fue, René se enfrentó con honor y valentía a esta última batalla tan desigual. Lo hizo con altísima dignidad. Combatió virilmente  de frente a esa naturaleza violenta e  imperfecta, incontrolable e incomprensible que inesperadamente y velozmente lo reclamó y nos lo arrancó del mundo.

Querido Rene, nuestro abrazo de hermano perdura intachable al infinito. La naturaleza te llevó físicamente de entre nosotros pero no de nuestros corazones.

Adiós HERMANO.

(Texto en formato original y fotos en —

René Berlingeri – QDP / RIP

 

René y yo en la Abadía de Montecasino, Italia. "Ñó, que frío...."

René y yo en la Abadía de Montecasino, Italia. “Ñó, que frío….”

Emi y yo con René y Vivian, y Kiri, en la casa de Monteroduni, Italia.

Emi y yo con René y Vivian, y Kiri, en la casa de Monteroduni, Italia.

En una de las visitas de René en Italia. En casa preparando el fuego "pa las salchichas"....

En una de las visitas de René en Italia. En casa preparando el fuego “pa las salchichas”….

René y Vivian, con la hija y la nieta.

René y Vivian, con la hija y la nieta.

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