Que Vivan los Atletas … | bambinoides.com
Domingo 2 Diciembre, 2012 10:37

Que Vivan los Atletas …

 


No hay duda que las olimpiadas son un gran evento deportivo y un extraordinario evento de entretenimiento. Es una formula ganadora que hemos aprendido durante los últimos 25 años mientras estamos sentaditos en la mejor butaca de casa de frente a esa ventana del mundo que es la televisión. Allí vemos desfilar numerosos atletas y también desfilan millones y millones de dólares en publicidad. Por ahora diremos que el mundo es así, el entretenimiento es una industria altamente productiva que absorbe todo lo que toca para convertirlo en dinero: el sexo, el amor, la música, el drama, etcétera, y naturalmente el deporte. ¿Qué tiene que ver la transportación aérea y los juegos de baloncesto? Sin embargo el American Airlines Sport Center, o como se llame, es un monumento a una formula publicitaria y a la creación de imagen, de un “branding”.

Exactamente igual pasa con el nacionalismo y las olimpiadas. Es una combinación excelente del deporte,  del “entertainment business” y de la pasión bifurcada del nacionalismo ciego. Es una máquina perfecta para hacer dinero promulgada y alimentada por la ideología de la separación artificial de la humanidad en numerosos cubículos nacionales.

Cierto, es un nacionalismo a baja intensidad del tipo que Hitler promulgaba durante las olimpiadas del 36. No es el nacionalismo del rebaño de ovejas imprescindible bajo el dirigismo de estado, o nacionalismo férreo y fanático en tiempos de guerra. De cualquier forma es siempre nacionalismo que sustituye y destruye los caros valores del individualismo y del patriotismo. El nacionalismo siempre contiene dentro de sí el germen de la irracionalidad y del prejuicio. El nacionalismo y el patriotismo son cosas muy distintas. El nacionalismo no afirma la patria tarde o temprano la destruye, mientras que el patriotismo tiene siempre la dignidad de afirmar la patria de hacerla renacer con los valores del hombre del kilometro cero y de la dimensión universal.

El viejo lema de Le Coubertin,  “Citius, Altius, Fortius”, pensado como un deseo de superación personal de cada atleta, se ha transmutado en una fría y absurda competición entre naciones, fronteras regionales y hasta entre sistemas económicos. El espíritu inicial para fomentar superación personal ha desaparecido bajo el empuje de un llamado “prestigio nacional” medido mediante el medallero.  Ese medallero que muchos clasifican como demostración fanática de la  supremacía “nacional”  no es otra cosa que el resultado concreto del nivel de empeño económico que cada país asigna con el propósito de proyectar  una imagen del bienestar y supremacía. Sin embargo, por años vimos las competencias entre la Unión Soviética y EU,  como hoy la China y los Estados Unidos,  quienes siempre acumulan medallas más o menos en equilibrio aunque con sistemas político-económicos totalmente distintos. Así también pasa entre los  países europeos, entre los países latinoamericanos, como en otras regiones del globo. Así es que la competencia atlética no es una cuestión de sistemas políticos o económicos  ni de  nacionalismos;  es, en verdad una cuestión de personas, de mentes y cuerpos sanos. !Que vivan los atletas!  *

 


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