¿Qué entiende la sociedad actual por democracia? | bambinoides.com
Martes 13 Septiembre, 2016 06:58

¿Qué entiende la sociedad actual por democracia?

Si nos atenemos a lo que dice el diccionario de la lengua, la palabra democracia viene del griego y significa gobierno del pueblo. Así es, del pueblo, sin puntualizar si la democracia la deben de ejercer solo los políticos o también la gente en general puesto que como “pueblo” se entiende a toda la sociedad.

Pero según parece, al menos en la sociedad de hoy en día, muchos no lo entienden de esa forma, ya que consideran que yendo a votar una vez cada cuatro años ya están cumpliendo sobradamente con su cometido. Hecho que se demuestra al observar ese enorme enojo de la sociedad en general al haber tenido que ir dos veces a votar en apenas seis meses (y no quiero ni pensar las pestes que echarán por la boca si dentro de poco tienen que ir a votar de nuevo).

En efecto, muchos consideran que con ir a votar una vez cada cuatro años ya han contribuido lo suficiente al bienestar común, a crear una sociedad mejor al aportar entre todos esos granitos de arena que nos corresponden como miembros de una comunidad. Pero lo más increíble de todo es que es mucha de esa gente, a la que le molesta ejercer su derecho a voto más de una vez cada cuatro años, la que no para de criticar la mala política que ejercen esos que, precisamente, ellos con su propio voto podrían hacer desaparecer del panorama político de su propia comunidad. No,

mafalda-democracia_2

muchos no quieren tener una segunda y menos aún una tercera oportunidad para rectificar su elección en las urnas aun habiendo sido engaños por sus líderes (supongo que su gran enfado viene precisamente de sentirse engañados), pero eso sí, quieren que les solucionen todos sus problemas como si por el hecho de haberles votado y ser elegidos ya se convirtieran en infalibles y, también, en personas incorruptibles. Y solo les preocupa que pacten, que pacten, que pacten. Sí, que pacten, pero… ¿sobre qué? (está muy bien pactar, yo también opino que es lo ideal, pero evidentemente siempre con contenido y coherencia según lo prometido a los votantes, y no sobre cualquier cosa). Porque del contenido de esos pactos no se suele oír hablar en los debates de “cafetería” (y por desgracia tampoco en los debates de muchos contertulios televisivos y radiofónicos que en lugar de hablar de estos temas tan cruciales, solo les falta sacar el carnet del partido político por el que suspiran). Sí, el contenido de esos pactos debería ser una prioridad para todo el mundo, porque por ejemplo si un partido aboga por crear de nuevo una banca pública y el otro solo quiere la privada, ¿qué hacemos, que los lunes, miércoles y viernes exista una banca pública y otra privada, y los martes, jueves y sábados solo la privada? (personalmente creo que sería conveniente, tal y como dicen expertos economistas no neoliberales, que pudieran coexistir los dos tipos de banca, pública y privada, tal y como sucedía hace unos años y que por cierto también existe en países como Francia o Alemania; pero ya saben que aquí se privatizó todo).Y si un partido quiere que desaparezcan los paraísos fiscales y otro no hace el más mínimo esfuerzo para que así sea (a pesar de decir hipócritamente de cara a la sociedad que no pagar impuestos no está bien), entonces qué hacemos, ¿que una parte de la población pague religiosamente sus impuestos mientras otros se van a esos paraísos fiscales que no han eliminado? (desde luego para eso no hace falta ni pactar, puesto que por desgracia es lo que está sucediendo en la actualidad). Y por poner otro ejemplo, si algún partido quiere de forma honrosa subir el salario base, puesto que es una indignidad vivir tan solo con aproximadamente 600 euros al mes, pero otro se niega a hacerlo, entonces qué hacemos para llegar a un acuerdo, ¿subirle a esa persona unos 4 euros mensuales (porque quizá de esa forma el partido que se niega ahora a hacerlo entonces sí acceda a tal petición) para así decir que hemos pactado? ¿Estaremos entonces todos contentos y podremos sacar pecho porque hemos podido pactar en algo, o por el contrario esa persona que antes cobraba unos 600 euros y ahora 604 nos mirará con desprecio por aprovecharnos de su miseria para así quedar bien de cara a la galería? Porque evidentemente, creo que es una falta de respeto y una total indignidad presumir de haber subido el salario base de esa forma, a no ser que alguien nos quiera hacer creer que con 4 euros más al mes alguien puede vivir ya dignamente y llegar a final de año con muchísima más holgura.

mafaldademocracia

Sí, lo sé, muchos pensarán que no hace falta ser tan drástico con los ejemplos que estoy poniendo, pero es que es precisamente en materia económica, social y fiscal donde resulta casi imposible pactar si no es el pueblo, claramente y a través de su voto (y también por medio de las encuestas que se realizan casi todos los meses y que los políticos tienen tan presentes), el que participe activamente de la democracia para hacerles ver a los políticos qué tipo de pactos quiere y cuáles no. Porque la democracia consiste ya no solo en votar cuantas veces sea necesario para mejorar la sociedad, sino también en utilizar todos esos mecanismos que existen precisamente en una democracia como pueden ser hacer oír nuestra voz por medio del derecho a huelga (eso que ahora molesta a tanta gente), a través de las manifestaciones pacíficas para demostrar nuestro rechazo con determinadas decisiones gubernamentales (algo que también molesta a mucha gente) y, por supuesto, la democracia consiste en estar “vigilando” a nuestros políticos y no darles carta blanca para cuatro largos años, sean del signo político que sean.

Los antiguos griegos, esos precisamente que “inventaron” la democracia, consideraban que todas las personas que se dedicaran a ejercer la política debían ser gente altruista, dispuesta a dedicar su vida a los demás y a rehuir de sus propios intereses personales para apostar por el bien colectivo. Desgraciadamente, todos sabemos que hoy en día, y desde hace también varios siglos, esto no es exactamente así, razón por la cual no nos debería molestar tanto ejercer nuestro derecho a voto de forma habitual para de esa forma no solo tener más controlados a los políticos, sino evidentemente para crear una sociedad más justa e igualitaria para todos los miembros que la componen (en Suiza, por ejemplo, se vota varias veces al año y sobre diferentes cuestiones y sus ciudadanos tienen muy claro que tal derecho no es una molestia, sino una obligación personal con la comunidad a la que pertenecen).

Aunque eso sí, además de votar deberíamos ser conscientes también de lo que significa la democracia, pues si somos capaces de disculpar la corrupción (sobre todo la más perjudicial, esa que supone cientos o miles de millones para la sociedad), consentir leyes que permitan pagar menos impuestos a los más pudientes (tal y como sucede ahora con las grandes empresas frente a las pequeñas o los autónomos) o mirar hacia otro lado cuando según parece un ministro del interior utiliza los instrumentos del Estado en beneficio de su propio partido, entonces probablemente dará igual votar una que mil veces, pues muy posiblemente esa sociedad de la que formamos parte no esté preparada para vivir en una democracia real y sí en totalitarismos, ya que estos últimos se han adaptado a las circunstancias de tal forma, que han hecho creer a la gran mayoría que con ejercer el voto una vez cada cuatro años es más que suficiente (y encima quienes gobiernan no tienen ninguna responsabilidad si incumplen sus promesas, además de no pagar nadie por ello). Es curioso, pero ahora muchos nos quieren hacer creer que no evitar por cualquier medio (y “sea como sea”, hasta he llegado a oír) que la ciudadanía vote tres veces en un mismo año es un insulto a la gente. En fin, pues que me llamen rarito o lo que les venga en gana, pero para mí el verdadero insulto es que alguien no pueda votar hasta los 53 años, tal y como le sucedió a mi padre y a la gente de su generación que, aun queriendo, durante la mayor parte de su vida no tuvieron el derecho de poner una papeleta en la urna. Evidentemente, doy por hecho que no es necesario explicar el motivo por el cual aquella gente no podía hacer oír su voz, a no ser, claro está, que alguien haya borrado de su “particular memoria histórica” que en este país existió una dictadura fascista que duró 40 años. Porque olvidar el pasado es lo que tiene, que sin darnos cuenta, poco a poco los que mandan nos pueden ir devolviendo a él de la manera más sutil que puedan imaginarse (esperemos pues que con el paso de los años esta vez no lleguen a tanto, pero para eso, la gente no ha de olvidar su propio pasado; y es que ya se sabe que el pueblo que olvida su propia historia tiene más probabilidades de repetirla y caer en el mismo error).

mafalda-democracia_1Y bueno, llegados hasta este punto en el que muy a menudo decencia y corrupción desgraciadamente se confunden, así como también justicia e injusticia o el significado de pertenecer a una sociedad de bien común o de tipo individual, entonces quizá sería conveniente, para no cansar tanto a la gente con ese gran esfuerzo que supone poner la papeleta en la urna, cambiar la Constitución para votar una vez cada ocho años. O cada dieciséis. O bueno, una vez puestos, cada treinta y dos, y así, con un poco de suerte, alguien que al nacer tenía un año cuando la gente fue a votar tan solo tendrá que realizar tan ardua labor cuando cumpla los treinta y tres (y evidentemente los que tengan 17, tendrán la gran dicha de no tener que hacer tan agotador esfuerzo hasta cumplir los 49). Es decir, que con un poco de suerte, y aunque alguien tenga una gran longevidad, tan solo tendrá que votar tres o cuatro veces en su vida.

En fin, pues ironías y sarcasmos aparte, pero siguiendo precisamente con un cierto tono irónico, no me resisto a acabar este artículo sin recordar al gran Quino y a su extraordinaria Mafalda cuando, en una de sus viñetas, la genial niña no podía parar de reír a carcajadas al enterarse del verdadero significado de la palabra democracia al buscarlo en el diccionario. ¿Lo recuerdan?

 

Fuente: Por Víctor J. Maicas, periodista y escritor | Los ojos de Hipatia | Víctor J. Maicas es autor de “Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad“, “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj” y “Año 2112. El mundo de Godal” (Éride Ediciones y VdB).


The views expressed are not necessarily those of the publisher or bambinoides.com. Images accompanying posts are either owned by the author of said post or are in the public domain and included by the publisher of the blog bambinoides.com on its initiative.

Leave a comment

You must be Logged in to post comment.

WP-Backgrounds Lite by InoPlugs Web Design and Juwelier Schönmann 1010 Wien
Confrontando la información, - el pasado y el presente...
"Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro". (Confucio)