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El bueno, el malo y el robot

Las agoreras predicciones sobre el trabajo y la automatización tienen su reverso: la robotización creará empleo, mucho empleo.

El escritor checo Karel Capek dio vida a la palabra robot hace casi un siglo en la obra de teatro R.U.R. (Robots Universales Rossum), de 1920. Una divertida tradición no escrita, popular entre sus lectores, es la de dejar un robot de juguete en su tumba.

Dos escuelas de pensamiento teorizan sobre el mundo que construirán-destruirán los robots. Hay quienes advierten que acabarán con el empleo humano y aquellos que esperan que la nueva tecnología incremente la productividad de los trabajadores sin reemplazarlos.

Las máquinas no solo destruirán empleo esta vez, también nos lo robarán, aducen los más agoreros. La distopía bebe de la teoría de Moshe Vardi, profesor de Ciencias de la Computación de la Rice University, quien asegura que en los próximos 30 años las máquinas eliminarán el 50% de puestos de trabajo, una especulación recurrente en tiempos de crisis y sobre la que se proyectan las imágenes más agoreras en una suerte de ejercicio de ciencia ficción, que los expertos matizan.

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La ola de preocupación distópica propagada por Vardi y secundada por otros economistas con teorías próximas al socialismo utópico es real en cuanto a las demandas de la industria pero “imposible sin un cambio en la naturaleza del trabajo y las convenciones sociales que lo rodean”, explica el periodista económico Paul Manson en Postcapitalismo: hacia un nuevo futuro (Paidós 2016). Le avalan los datos, la demanda de mano de obra digital no encuentra cobertura. Mano de obra digital y humana.

Manson cita a Carl Frey y Michael Osborne, autores del premonitorio El futuro del empleo (Oxford, 2013), donde calculan que un 47% del empleo actual en Estados Unidos será desempeñado por máquinas en una o dos décadas. El 53% que seguirá en manos de los humanos serán tareas para las que se requiere inteligencia creativa y social. Dominar esas capacidades hará que los trabajadores ganen la carrera.

John Maynard Keynes predijo que nuestra jornada laboral no se extendería más allá de las 15 horas semanales a partir de 2030. Las máquinas cargarían con el trabajo duro y los humanos disfrutaríamos de más ocio. El pronóstico lo hizo en 1930, otro tiempo de post convulsión similar al nuestro. Si entonces fueron los años siguientes a la Gran Depresión, estos son los años tras la Gran Recesión.

Alphaville, Un mundo feliz, Blade runner, Robocop, Matrix, Gattaca… La literatura, el cómic, el cine… Toda representación creativa del futuro ha mirado con intención a los robots. Una ciudad dirigida por un ordenador, hombres que conviven con androides que sueñan con ovejas, personas permanentemente felices, policías de hojalata, tecnología reproductiva, seres válidos e inválidos, un mundo virtual… Un mundo en que la máquina ocupa más y más espacio y, llegado el día, los robots hacen todo el trabajo hasta la completa automatización del planeta Tierra.

Pero la experiencia empírica asegura que mecanizar el trabajo crea más trabajo. El riesgo de “paro tecnológico” ya fue pronosticado por Keynes en aquellos años treinta y pone sobre la mesa algunos contrapuntos al catastrofismo como las estimaciones de que por cada empleo de alta cualificación creado hay otros cinco complementarios que dependen de él, así como cierta tendencia a inflar el impacto negativo que luego es posible que se modere.

LA CARRERA CONTRA LAS MÁQUINAS

La carrera contra las máquinas (MIT, 2011) es el título del primer libro del tándem de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que mejor han estudiado el futuro del trabajo: Erik Brynjolfsson y Andrew McAffee. Coautores también de la continuación La segunda era de las máquinas: trabajo, progreso y prosperidad en un tiempo de brillantes tecnologías (Norton, 2014), ambos científicos, cofundadores asimismo del departamento de Economía Digital del MIT, plantean un antídoto certero contra el pesimismo.

Para Brynjolfsson y McAffee, “la economía mundial está en la cúspide de una etapa de crecimiento espectacular impulsada por máquinas inteligentes que sacarán el máximo provecho de los avances en el tratamiento por ordenador, la inteligencia artificial, la comunicación en red y la digitalización de casi todo”.

El progreso tecnológico ha desplazado trabajadores pero ha creado muchos más puestos.José Moisés Martín Carretero

Y esta es también la opinión de José Moisés Martín Carretero, economista y autor de España 2030: gobernar el futuro (Planeta, 2016), quien acude como Brynjolfsson y McAffee a la industria de la fotografía para respaldar sus predicciones. “El progreso tecnológico ha desplazado trabajadores pero ha creado muchos más puestos”, sentencia. “A corto plazo puede haber reducciones pero a largo plazo la creación de empleo es incuestionable”, sostiene. “El problema es la adaptación”, advierte. “Hace poco leí que Instagram solo tenía unas decenas de trabajadores mientras que Kodak cerraba y destruía miles de empleos”, cuenta en conversación con El HuffPost. “Esto es cierto”, continúa, “pero también lo es que en los últimos años la división de móviles de Samsung ha creado más de 150.000 puestos de trabajo”.

PERO MECANIZAR TRABAJO CREA MÁS TRABAJO

Las actividades técnicamente automatizables equivalen a 1.100 millones de empleados y 15,8 billones de dólares en salarios, en todo el mundo. Cuatro economías -China, India, Japón y Estados Unidos- representan algo más de la mitad de estos salarios y empleados totales. China y la India juntas constituyen el mayor potencial de empleo técnicamente automatizable -más de 700 millones de puestos a tiempo completo- debido al tamaño relativo de sus fuerzas de trabajo, según datos del informe Un futuro del trabajo: automatización, empleo y productividad del McKinsey Global Institute. El potencial también es grande en Europa: 54 millones de empleados a tiempo completo y más de 1,7 billones de dólares en salarios están asociados con actividades técnicamente automatizables en las cinco mayores economías (Francia, Alemania, Italia, España y Reino Unido). Son cálculos de la Federación Internacional de Robótica.

La tasa de desempleo en 2015 en tres de los países líderes en número de robots corresponden a Corea del Sur 3%, Japón 3,5% y Alemania 4,7%, según recoge la Asociación Española de Robótica y Automatización.

La digitalización destruirá puestos de trabajo pero generará todavía más con una demanda de 100.000 empleados que no se cubrirá, según Randstad Research.

La digitalización destruirá puestos de trabajo pero generará todavía más empleos pues acarrea una demanda de 100.000 empleados que no se cubrirá, según Randstad Research. La digitalización creará 1.250.000 empleos en los próximos cinco años, calcula. Ese será el saldo resultante de la destrucción de puestos de trabajo y los nuevos empleos ligados al desarrollo tecnológico. Además, dice en datos del informe La digitalización, ¿crea o destruye empleo? elaborado por la consultora en 2016, habrá un desfase de 100.000 trabajadores entre los nuevos empleos que podrá absorber el mercado laboral y que España será capaz de ofrecer. Los 1,25 millones de empleos adicionales estarán vinculados a las profesiones relacionadas con la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés). Unos 390.000 profesiones STEM , mientras que el resto serán empleos inducidos (689.000) que darán soporte a los trabajadores altamente cualificados. También cuenta con 168.000 empleos indirectos.

La configuración del trabajo en el futuro, según el estudio, estará formado principalmente por profesionales cualificados con capacidades difíciles de suplir con la tecnología (38%), seguido de líderes profesionales que liderarán cambios en la organización e innovación (35%) y de trabajadores técnicos (18%). El resto estará compuesto por operarios y especialistas en oficios o profesiones concretas. De destrucción, entonces, más bien poco.

“El empleo STEM es más resistente a la conmoción económica. En las recesiones, se suelen asociar con mayores niveles de productividad, de crecimiento de la productividad y crecimiento de empleo”, aseguran los autores del estudio.

EL BOOM DE LOS ROBOTS
La industria de la robótica está entrando en un capítulo incierto. Los inversores destinaron en 2016 un récord de 587 millones de dólares en empresas que intentaban llevar robots a fábricas, hospitales y campos de batalla, según la firma de datos CB Insights, recogidos por la Federación Internacional de Robótica. Gran parte del potencial para una nueva ola de robots proviene de los avances en el llamado aprendizaje de la máquina, el software que otorga a los robots inteligencia contextual. Parte de ese entusiasmo ha ido desinflándose.

Un último informe de la OCDE sitúa a España en el podio de los países más expuestos al riesgo de la cuarta revolución industrial, junto con Austria y Alemania. El 12% de empleos con un elevado riesgo de ser automatizados equivalen a más de dos millones de puestos de trabajo de los existentes en la actualidad. Los autores del informe llegan a esa conclusión identificando los perfiles de empleos de menos cualificación y que responden a procesos rutinarios y repetitivos en los que sería más fácil sustituir a los trabajadores por máquinas que llevan a cabo un 70% o más de las tareas.

Desmentido general del sector. Los robots no destruirán empleo. Informa Pedro Castilla Weber, presidente de la Asociación de Robótica y de Domótica de España (ARDE) que, precisamente los brazos articulados, “la robótica que más utiliza la industria”, no destruyen empleo.

2016 supuso un récord histórico de robots vendidos en España, con 3.710 unidades.

Y a la industria española de la robótica tampoco le va tan mal. De acuerdo a los datos del informe de AER-ATP del 2016, se encuentra por encima del nivel internacional. El pasado año se instalaron 3.710 unidades. “Lo que significa en valor absoluto un récord histórico de robots vendidos en España”, explica Pedro Castilla Weber. Esta cifra representa casi un 16% más que el ejercicio anterior y cerca del 12% de incremento de unidades en el mercado. “Sin duda alguna, este crecimiento está por encima de las previsiones que la International Federacion of Robotics (IFR) estimaba en relación a Europa, entre el 5 y el 7% aproximadamente”, se felicita el presidente de ARDE, “lo cual nos lleva a afirmar”, continúa, “que es un buen índice sobre el nivel de industrialización de nuestro país”.

Desaparecen, pues, algunos empleos, pero surgen otros nuevos. Hace tan solo 10 años no existía el oficio de experto en usabilidad, o de científico de datos, o de especialista en infraestructura virtual. Tampoco había desarrolladores de aplicaciones móviles (la primera AppStore abrió en 2008). Hoy en día son perfiles que aparecen en las páginas de empleo de prácticamente todas las empresas del mundo.

LA OTRA ROBÓTICA

Hay que mirar también a la robótica de servicio, la no industrial, que está generando enormes expectativas en el entorno mundial. Nuevos desarrollos y aplicaciones que sin duda jugarán un papel muy importante en un futuro inmediato de sociedades avejentadas como la española.

“Todo aquel trabajo automatizado que no requiera una visión supervisada será sustituido por una máquina o un robot”, aventura Fernando Villariño, subdirector del Centro de Visión por Computador y profesor de Robótica de la UAB. Más comedido que su colega de la ARDE, Villariño advierte de la destrucción del empleo, pero contiene su onda expansiva y, sobre todo, habla de paliativos. “La transformación digital”, introduce, “viene acompañada de un cambio de modelo y dará lugar a sociedades más colaborativas donde las personas podremos organizarnos de manera más eficiente y racional”. Para este profesor de Robótica, todo pasa por la educación: “España necesita una auténtica reconversión de la Formación Profesional y la Universidad para continuar dando oportunidades a nuestros alumnos, también, en esta nueva era de la industria 4.0”.

Observa con optimismo el desarrollo de la robótica asistencial en una España cada vez más vieja. También genera un poco de incertidumbre y muchas críticas por su tangente de robótica emocional, reconoce. “La robótica afectiva se ha aplicado en situaciones de demencia, depresión… un extenso campo por explorar”, se alegra. “Un área contradictoria, que desnaturaliza el afecto para trasladarlo a una parte mecánica”, confiesa, “pero a la que es difícil decir que no”.

La tecnología afectiva trabaja en robots especializados en rescate que sean capaces de interactuar emocionalmente con las víctimas. También en robots astronautas que reaccionen a los estados emocionales de la tripulación. Son los últimos estadios de esta tecnología emergente, que pretende asimismo crear ordenadores que asistan a adolescentes en los institutos y a ancianos en su soledad y que en 2021 puedan ayudar a las personas adictas a superar sus dependencias.

La tecnología avanza sobre las relaciones entre las máquinas y las personas. Primero fue la inteligencia artificial y ahora la llamada informática afectiva da un paso más allá. ¿Y si los robots empiezan a tener sentimientos? ¿Llegaremos a enamorarnos de nuestro sistema operativo como Joaquin Phoenix en la película Her?

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Los que recelan de los robots quieren ponerles impuestos para que compensen la hipotética pérdida de empleos y contribuyan con ello a llenar la arcas de la Seguridad Social. Los sindicatos Comisiones Obreras y UGT han lanzado sendas propuestas al respecto y los impulsores de la renta básica universal consideran también que serían una buena fuente de ingresos. Pero el sector no lo cree así.

“Hasta que los robots no hagan cosas como sustituir literalmente un humano en cualquier puesto de trabajo, no deben tener más impuesto que la compra de cualquier objeto como es el IVA”, opina Pedro Castilla Weber, de ARDE. “Si imponemos un impuesto a la mecanización, podremos mantener nuestras sociedades funcionando sin que se caigan”, entiende Fernando Villariño en un tono complaciente con los que opinan distinto a él. “Pero de esa forma”, matiza, “estaríamos penalizando la innovación”. Y esto porque, ahonda una vez más en su tesis, “la transformación digital creará sociedades colaborativas, circulares, donde todo sea más eficiente, cuando las relaciones sean más cercanas sin necesidad de transportarnos”.

¿Quién apretará el botón rojo cuando la Tierra esté plagada de robots?

Una sociedad del mañana salpicada de futuribles de apasionantes dimensiones y, también, sí, también, de miedo. ¿Quién apretará el botón rojo cuando la Tierra esté plagada de robots?

“Es el mismo peligro que teníamos cuando inventamos el fuego o cuando inventamos la primera bala, el fuego y la bala son locales y ahora mismo estamos hiperconectados y las decisiones de un sistema pueden afectar a nivel global y esto, a su juicio, tiene que ver con la seguridad. “Tenemos que trabajar en modelos seguros que nos permitan que estas decisiones de progreso no sean un suicidio colectivo”, otea edificante.

 


Marta Molina | Redactora de Economía | Huffington Post

 


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